Las palabras y las cosas – Prefacio de Michel Foucault.



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…a modo de reseña.

El titulo que hoy nos encuentra es de autoría de M. Foucault,  historiador de las ideas, teóricosocial y filósofo francés. Profesor en varias universidades francesas,  estadounidenses y catedrático de Historia de los sistemas de pensamiento en el Collège de France (1970-1984), conocido principalmente por sus estudios críticos de las instituciones sociales.
En este caso, Foucault nos plantea un texto, que según él, tiene como disparador a Cierta enciclopedia china” de Borges. Bajo esa situación surge un texto de lectura compleja, al menos para la cotidianeidad del lenguaje, que al leerlo, debemos situarnos por fuera de una mirada puramente científica y mucho mas artística. Un texto que en sus primeros encuentros, genera una sensación de amor/odio, al no poder enhebrar el hilo que guía su línea de razonamiento. Es justamente eso lo que pretende, la desarticulación de los sentidos en la palabra, para dejar en evidencia, que nuestro mundo esta regido por un orden, que nuestra realidad y nuestra manera de verla y actuar en ella, esta orquestada por la trama lingüística que tiene raíz en nuestro lenguaje y su respectiva carga conceptual, ante un mero término.

“Ceci n’est pas une pipe” dijo Magritte.

Ante esa situación, sale a la búsqueda de un lugar mas neutro del asunto, aquel lugar, utópico, donde cualquier yuxtaposición queda como válida, donde ambos términos, convertidos en cosa, estén allí, como una simple existencia, que puede ser categorizada bajo un sistema de leyes, un mundo taxonómico de equivalencias y contraposiciones validas. Esa “mesa de disección, niquelada, ahulada, envuelta de blancura, resplandeciente bajo el sol de vidrio que devora las sombras”, ese lugar idílico donde todo puede ser visto a ciencia cierta, uniendo todas líneas de tiempo en un mismo momento, donde pudiera convivir un Deinonicus con un microchip, y donde su existencia es categóricamente equivalente, “donde el sol de vidrio devora las sombras”, casi como diciendo que ninguna verdad quedara oculta ante el encuentro de dos conceptos. Un entramado lingüístico, donde paradójicamente, la simplicidad conceptual permite que la verdad sea expuesta. Todo con la intención de poner un acuerdo, una cota, y una objetividad al lenguaje, para poder concluir en verdades, más absolutas, no tan tintadas de subjetividad y liberar las ideas de las limitaciones del lenguaje.

Jaques Lacan, quien habla sobre temas similares, dijo en una catedra:

“¿Porqué habría de decir otra cosa cuando se trata de eso precisamente? (…). Es decir, que el lenguaje no sirve, nunca ha servido, solo nos permite formular cosas que tienen tres, cuatro, cinco, diez, veinticinco sentidos, que el sujeto supuestamente debe conocer…”, dejando en claro las limitaciones del lenguaje y el común acuerdo que hacemos con este fenómeno.

También dice en otro momento:
“(…) en lo que llamamos, SI LES PARECE (…)”,  como intentando acordar con sus escuchas, un punto neutro del lenguaje, donde ambas partes validan la enunciación, para poder concretar una idea, avanzar en el razonamiento y no caer en subjetividades. Básicamente comenzar a pautar la “mesa de disección lingüística”.

“En nombre de este orden, se critican y se invalidan parcialmente los códigos del lenguaje, de la percepción, de la practica” dice Foucault en unas líneas.

Lo que intenta Foucault es llegar a un lugar, imaginario donde puedan verse las verdades del ordenamiento lingüístico que hemos engendrado como cultura y al verlas, poder soltarnos de éllas. Ordenamiento que no es el único, pero que es el que nos rige por cotidianeidad… Señala a la cultura china como el lugar idílico para esa línea de razonamiento, diciendo:

“la cultura china es la mas ineticulosa, la mas jerarquizada, la mas sorda a los sucesos temporales, la mas apegada al desarrollo puro de la extensión; la soñamos como una civilización de diques y barreras bajo la faz eterna del cielo; la vemos desplegada y congelada sobre toda la superficie de un continente cercado de murallas. Su misma escritura no reproduce en líneas horizontales el vuelo fugaz de la voz; alza en columnas la imagen inmóvil y aun reconocible de las cosas mismas”.

Nos da a entender, que, en este espacio, no existe ya mas esa noción referencial de la imagen, donde todo puede existir si tiene veracidad como hito, si no mas bien que permite que todo pueda existir en el momento de su enunciación, que cualquier categoría taxonómica pueda estar agrupada como equivalente en una enumeración al azar. “Este campo del conocimiento analítico intenta llegar a la episteme”, dice Foucault.

También señala un cambio en los órdenes, que tiene lugar entre el clasicismo y el modernismo. Dice que los órdenes se han alterado, o mejor dicho, encuentra dos discontinuidades entre esos dos periodos. “esta investigación arqueológica muestra dos discontinuidades en la episteme de la cultura occidental, aquella con la que se inaugura la época clásica, y aquella que a principios del XIX señala el umbral de nuestra modernidad”.
Plantea también la idea de  que “las cosas, a medida que se enrollan sobre si mismas, piden a su devenir el principio de su inteligibilidad y abandonado el espacio de la representación, el hombre, a su vez, entra, por primera vez, en el campo del saber occidental”.
Habiendo depurado (al menos ese fue el intento) las ideas de M. Foucault en su prefacio de “Las palabras y las cosas”, y a modo de síntesis, diría que la razón de ser de este texto, es la búsqueda de el punto neutro del lenguaje, donde ningún otro sentido de la palabra se inmiscuya ante la interpretación de los enunciados. Una búsqueda de un lugar donde pueda hablarse a ciencia cierta, donde nada quede sujeto a matices interpretativos y donde todo sea absoluto. Ese cometido usa como herramienta, el dejar en evidencia las limitaciones del lenguaje, las trampas que encierra al utilizarlo.

Bajo mi lente subjetivo, podría decir que es un texto sumamente atrapante, ya que al lograr, o al menos asi lo parece, leer sus infinitas entrelineas y atando cabos, se logra llegar a una interpretación con una lógica razonable. Que tiene hasta una finalidad noble y progresista intelectualmente hablando, pero no puedo dejar pasar por lado, las reiteradas oportunidades en las que sentí, que el terreno en el que ahonda, y visto por fuera, definitivamente, tiene reminiscencias a el hiperrealismo de Salvador Dalí, en sus excentricidades, o reminiscencias del Dadaísmo, donde hay un juego con la palabra y su belleza por si misma, que sin razón de ser, se la utiliza para fines puramente artísticos. Seria como el juego con la palabra, con todo lo que genera, al ponerla a juicio de su propio disloque, ver hasta que limites puede llegar a articular el lenguaje, y ver el momento exacto donde disloca y en concepto pierde sentido.

En conclusión,
En esta lectura usted podrá regocijarse ante la situación en la que Foucault nos inunda, en ese goce del pensamiento que a sus sabiendas, logra imaginar conceptos tan por encima de lo inteligible habitual, esa conciencia ante el acto pensador y creador de mundos posibles logra dar un sustrato en el que asentarse, al mero hecho de enunciarlo, y que ese mundo particular se gesta silaba tras silaba. Por el contrario, si usted busca al texto original “Las palabras y las cosas” Prefacio de M. Foucault, en búsqueda de información, de levantar conocimientos que se acumulan para que en cierto momento usted pueda utilizarlos, dicho de otro modo, si de esta lectura pretende llegar a una receta para lograr algo aplicable, concreto, de “nuestro mundo real”, esta lectura probablemente lo agote, que no despierte en usted un afán por entender el asunto. Hasta me atrevería de advertirle, esta lectura no es para usted, compañero.

O este tipo es un genio…
… o yo no entiendo un carajo

Victor Boero
Reseña al prefacio de “Las palabras y las cosas” de  Michel Foucault.
ENBA. Seminario I de las Esteticas.
05:39 pm, 21/05/2012

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